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NUESTRAS VISITAS

 

 

24 SEPTIEMBRE

FELIZ DÍA DE LA MERCED

 

 

 

NUESTRA MADRE DE LA MERCED

H. José María Sánchez Garzón, mercedario de la caridad.

En este Año de la Misericordia, que celebramos, tiene especial resonancia la Fiesta de Nuestra Madre de la Merced, de las Mercedes

Merced significa “Misericordia” y “Gratuidad”. La Virgen de la Merced es Madre de Misericordia.

Y además estamos celebrando un Año especial dedicado a Nuestra Santísima Madre en esta su advocación de Merced, preparatorio para la celebración en 2018 de los ochocientos años de la fundación de la Familia Mercedaria. La Orden de la Merced, la advocación de la Merced, comenzó en Barcelona para redimir, para liberar prisioneros de los musulmanes, para evitar que, por liberarse, adjuraran de su fe apostatando. Para ello los religiosos incluso se intercambiaban con los presos, muriendo muchos de ellos en esta gigantesca obra de misericordia de redimir a los encarcelados por causa de su fe. Nuestra Madre, en la advocación de la Merced, era y es signo de la liberación de la esclavitud.

Parecía que la Familia Mercedaria había perdido actualidad. Ya no había guerras santas, ni prisioneros de los mahometanos. Y la Orden, todos los mercedarios y mercedarias, se adapta, consagrando sus vidas en la liberación de las nuevas esclavitudes: acogida de inmigrantes, esclavos de las drogas, de la prostitución obligada, de la ignorancia, de las cárceles… del pecado y la muerte… del cansancio de la vida, de la enfermedad, del dolor en todas sus manifestaciones.

Y ahora que se acercan los 800 años de su existencia, cuando parecía mentira, se repiten las persecuciones religiosas, y se desata la que llaman “guerra santa”, la yihad, la voluntad de luchar abiertamente en la persecución del cristianismo. Ni ahora, ni entonces, son todos los musulmanes, ni sólo los musulmanes.

La Iglesia de Cristo es perseguida en el mundo en todas sus confesiones. Seguimos viendo terribles persecuciones por odio a Cristo y a su obra y su doctrina. Y nos parece increíble que alguien tan bondadoso y conciliador como Él pueda ser odiado en sus seguidores. Y también perseguidos sin derramamiento de sangre, en un odio visceral por personas que se manifiestan liberales sin respetar la libertad religiosa. Manifestaciones y ridiculizaciones de nuestra fe y nuestros valores. Considerarnos estúpidos e irracionales por confiar en Dios.

La Virgen de la Merced, “nuestra sin igual Madre y protectora”, es un grito de Libertad; mejor, de liberación, de ruptura de las cadenas de la intransigencia y de la infidelidad. La Virgen de la Merced nos invita, como suele representársela, a romper las cadenas, para caminar libres en un mundo descreído, que se va quedando sin fundamento al rechazar el don gratuito de la Fe.

Cuando se quieren callar nuestras voces de fe y caridad en la lucha contra la injusticia, imagen de la mayor de las prisiones, María nos invita a la lucha por un mundo más justo e igualitario, un mundo ilusionado y esperanzado. Es la lucha por levantar al ser humano de su postración, de tantas y tantas miserias y desigualdades creadas por nosotros, los humanos.

Hay Mal causado por causas incontrolables: tempestades, terremotos, enfermedades… Pero la mayor liberación es del Mal causado por nosotros mismos, el mal humano deshumanizante, al que llamamos “pecado”. De este mal ha venido Cristo a liberarnos, de nosotros mismos… causantes egoístas de tanta miseria y dolor: guerras, hambre, discriminación, trata de blancas (y blancos), asesinatos, robos… NUNCA COMO AHORA HEMOS NECESITADO TANTO UN REDENTOR, UN CRISTO REDENTOR.

Nos dice el Beato Juan Zegrí, poniendo a Cristo como referente de todos estos dones, mercedes, de María: “La madre es la que inspira y hace nacer la confianza y el amor entre el padre y el hijo; ella es quien lo renueva y reanima, si ve que se ha extinguido”.

María de la Merced, de las Mercedes… Hay tantas mercedes como pecados… Cada merced, cada misericordia, es un grito de reconocimiento de nuestras debilidades, de nuestra pobreza. Las obras de misericordia son siempre merced, regalo gratuito del Amor.

La Misericordia (corazón con el miserable) es un signo de ese Amor gratuito de Dios, que coloca en las manos de su Madre, para que ella lo derrame en su nombre en cada uno de sus hijos, los hermanos de Jesús.

La Virgen María es una sola. Merced, Auxiliadora, Virgen de la Paz, Inmaculada… son atributos de la única Madre de Dios y Madre nuestra. Cada Familia religiosa destaca un valor de Nuestra Madre común.

La Merced, la Misericordia, es un valor universal que expresa la gratuidad del Amor de Dios sobre nosotros, y una invitación a vivir la vida, como Jesús, como María, en gratuidad. Amar es un fin en sí mismo. Es lo que la naturaleza humana comparte con su Creador. Dios es Amor. El ser humano es imagen y semejanza de Dios. Es decir, el ser humano sólo puede realizarse, como Dios, en el Amor gratuito, en la entrega incondicional, sin pedir nada a cambio.

El Beato Juan mira a la Virgen así cuando dice: “El alma de la Virgen se alimentaba de Amor; el Amor era la misteriosa necesidad que agitaba su espíritu; el amor el único móvil de sus operaciones; el Amor el principio vital que sostenía su existencia”.

Madre de la Merced, Madre de la Misericordia, Madre del Amor Hermoso (gratuito), Madre de la Liberación. RUEGA POR NOSOTROS.

 

 


Mercedarios de la Caridad  |  responsable@mercedariosdelacaridad.org