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Como nuestro nombre indica, hemos surgido de la Congregación de Hermanas del mismo nombre. En la historia de la Iglesia, por circunstancias históricas más que conocidas, han sido las mujeres las que han ido a remolque de los hombres. Hay, por tanto, en nuestro proceso, una originalidad. Surgimos de ellas, y ellas son las que iluminan esta vida nueva, aún muy joven, casi recién nacida.

 

Y no puede ser más de lo mismo. Por tanto, con toda lógica, hay que preguntarse por la razón de ser, en tiempos tan difíciles, de este nuevo odre. En la Familia Mercedaria, ¿no hay odres suficientes?, ¿no hay vino suficiente?

 

Creemos que, entre todos los miembros de los Institutos, la presencia mercedaria está viva en la Iglesia en casi todas las misiones posibles. La iniciativa de poner en marcha este nuevo odre surge de varones, que viven cerca de nuestras Hermanas, que las conocen, que se sienten vinculados con su carisma, y que no pueden acceder a él porque está destinado sólo a mujeres. Ellas nos entregan la antorcha, conscientes de que los carismas no son propiedad privada, sino suscitados por Dios al servicio del Reino.

 

Los primeros pasos de un niño son siempre difíciles, más en estos tiempos. Sólo Dios puede hacer posible, si es su voluntad, que su obra llegue a feliz término. Al principio se titubea, no se sabe si el camino es el adecuado, por más que los iniciadores hayan estado siempre muy cerca de las Hermanas. De los errores se aprende. Poco a poco, el camino se va perfilando e, incluso, en el mismo caminar; en el hacer camino, se va clarificando y llenando de sentido. La historia de una Congregación no es sólo la de su fundador, sino resultado de los mismos avatares, del día a día, de los avances y retrocesos, de las luces y las sombras.

 

No queríamos demasiadas estructuras, las mínimas para arrancar. Teníamos que crecer en libertad, algo esencial en el carisma mercedario. Era necesario adaptarlo a las nuevas formas de vida consagrada. Y había que analizar la experiencia de nuestra Hermanas para ir moldeando el barro en un Odre capaz de adaptarse a los nuevos retos sociales.

 

En un tríptico inicial, expresamos nuestra voluntad. Hermanos de la Caridad de Ntra. Sra. de las Mercedes o, simplemente, Hermanos Mercedarios de la Caridad. Adoptamos este último nombre, por el que son conocidas familiarmente las Hermanas, que, oficialmente, surgen con el primero. La Madre de la Gratuidad, Ntra. Sra. de la Merced, Regalo de Libertad, preside nuestro sueño. En sus manos ponemos nuestro proyecto y, como albañiles cristianos, dejamos que el Señor modele el odre.

 

El 15 de marzo de 2002, que consideramos la fecha de refundación de los varones, como una variante de la de las Hermanas, y no como nueva, el obispo de Cuenca, D. Ramón del Hoyo, visita nuestra casa y da el plácet para iniciar oficialmente el proceso.

 

Resulta providencial. En 1878, el mismo día por la tarde, a hora similar, en la Iglesia de san Ildefonso de Granada, en la que se conservaba la imagen de la Virgen de las Mercedes del cercano desamortizado convento de los Mercedarios, tomaron hábito, de manos del Beato Juan Zegrí, las primeras hermanas. Aparece ante nuestros ojos un tríptico, una trinidad de días: el 15, el comienzo de nuestra andadura; el 16, la fundación de las Hermanas; el 17, la muerte del P. Zegrí. ¿Coincidencia? ¡Providencia!

 

Unos días después, el 20 de marzo de 2002, el obispo firma el decreto episcopal autorizando la bendición solemne de nuestra capilla y el reconocimiento tácito de la comunidad, "futuro instituto religioso". En conformidad con los estatutos provisionales, el 7 de abril del mismo año, la Superiora General, con el reconocimiento del obispo, nombra como Responsable General al Hno. José María.

 

La rama masculina comienza su camino y la búsqueda del necesario reconocimiento jurídico, para existir como entidad pública católica. El 25 de septiembre de 2003, el obispo de nuestra Diócesis,  aprueba las Constituciones y promulga el decreto de erección canónica como Asociación Pública de Fieles, ad instar Instituto religioso, de la CONGREGACIÓN DE HERMANOS MERCEDARIOS DE LA CARIDAD. Hemos escogido esta figura mínima para poder caminar más libremente. Poco más tarde, el 27 de octubre, recibimos el reconocimiento civil del Ministerio de Justicia, y la inscripción en el Registro de Entidades Religiosas. Existíamos de hecho, ahora ya  de derecho civil y canónico.

 

De nuevo la Providencia rubricó nuestra vocación. Pudimos acudir a la beatificación de nuestro Fundador, el 9 de noviembre de 2003, como Congregación, con el mismo nombre de la que fundó en 1878.


Mercedarios de la Caridad  |  responsable@mercedariosdelacaridad.org